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A 110 años del nacimiento del Doctor Luis Federico Leloir

Un 6 de septiembre de 1906 nació el doctor Luis Federico Leloir, un científico que sigue siendo ejemplo para generaciones de investigadores, y que pasó a la historia como el tercer Premio Nobel argentino, el segundo en ciencias, luego de su maestro, el doctor Bernardo Houssay.





Completó sus estudios primarios en Buenos Aires, en la escuela estatal Catedral al Norte, en la calle San Martín, y cursó luego su secundaria en tres establecimientos diferentes, los colegios Lacordaire y del Salvador, en la ciudad de Buenos Aires, y el Colegio Beaumont, en Inglaterra.

Se recibió de médico en la Universidad de Buenos Aires (UBA), en 1932, y posteriormente con la convicción de que era menester comprender mejor los procesos biológicos, se inició de pleno en la investigación, en el Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina de la UBA que dirigía el doctor Houssay.

Junto a Cardini (izq) y Houssay (der) en sus comienzos

Años después Houssay propuso a Leloir como director del Instituto de Investigaciones Bioquímicas-Fundación Campomar (en la actualidad, Fundación Instituto Leloir), creado el 7 de noviembre 1947. El primer grupo de investigación que se desempeñó en el Instituto –que en los inicios funcionó en una vieja casona ubicada en Julián Álvarez 1917, en la ciudad de Buenos Aires– estuvo integrado por los doctores Carlos Eugenio Cardini, Ranwell Caputto, Alejandro Paladini y Raúl Trucco, además del mismo Leloir. Luego se sumaron otras figuras, como el doctor Enrico Cabib.



En el día de la inauguración del Instituto de Investigaciones Bioquímicas-Fundación Campomar, el doctor Leloir, dijo: “….comienza sus actividades en un local pequeño y provisorio, pero esperamos que sean grandes su labor y su futuro”.

Leloir junto a los otros galardonados con el Premio Nobel en 1970

Y fue así que en 1970 el jurado de química de la Academia Sueca de Ciencias decidió premiar a Leloir con la máxima distinción por sus investigaciones que permitieron aclarar cómo se metabolizan los azúcares en el organismo, más precisamente, el mecanismo de biosíntesis del glucógeno y del almidón, polisacáridos de reserva energética de los mamíferos y las plantas.

Leloir descubrió el camino bioquímico a través del cual el organismo aprovecha la energía de las azúcares para poder vivir. “Este resultado permitió comprender las causas de la galactosemia, una enfermedad congénita que se caracteriza por la incapacidad que tiene el organismo para metabolizar galactosa (un azúcar simple) y evitar la muerte por lesiones en el hígado, riñones y en el sistema nervioso central”, señala el doctor Luis Ielpi, Investigador Principal del CONICET y director del Instituto Leloir. Y agrega: “Que Leloir haya sido un científico de nuestro país capaz de realizar trabajos de investigación de excelencia que cobraron una notoriedad a nivel mundial, constituye un ejemplo de inspiración y estímulo para los jóvenes científicos que se están formando en la actualidad.”




El doctor Armando Parodi, Jefe del Laboratorio de Glicobiología del Instituto Leloir, Investigador Superior del CONICET y Miembro Extranjero de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, investigó cerca de ocho años junto a Leloir. “Fue muy agradable trabajar con él, era una persona muy sencilla, humilde y respetuosa de las ideas de los demás. Daba absoluta libertad para trabajar y nos transmitió mediante su ejemplo la actitud que un científico debe tener ante la ciencia y ante la sociedad”, recuerda.

Precisamente la vida y obra del premio Nobel de Química de 1970 alienta hoy en día a los 26 grupos de investigación del Instituto Leloir que realizan ciencia básica y aplicada para mejorar la calidad de vida de la población. Algunos laboratorios buscan mejorar el diagnóstico y tratamiento médico de enfermedades neurodegenerativas (Enfermedad de Alzheimer y Parkinson), diferentes tipos de cáncer (cáncer de páncreas, de colon y de piel), y enfermedades infecciosas (como dengue, brucelosis, y virus respiratorios).

También hay laboratorios que trabajan en biología vegetal generando conocimiento para el sector agrícola, y otros estudian distintos aspectos de la biología de las células.

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